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El pasado jueves 3 de septiembre José Berna planteó su ponencia como un recorrido por una forma de fotografiar que, lejos de haber quedado relegada al pasado, continúa despertando curiosidad y fascinación. Porque trabajar con una cámara Polaroid significa aceptar algo que la fotografía digital prácticamente nos ha hecho olvidar: cada disparo es una pequeña apuesta.
Hay un encuadre, una intuición, un instante… y una única imagen que empieza a aparecer lentamente ante nuestros ojos.
Uno de los grandes atractivos de la Polaroid SX70 es precisamente ese pequeño ritual. Después del disparo, la fotografía abandona la cámara y comienza su particular proceso de aparición.
En un mundo dominado por la inmediatez digital, esa incertidumbre adquiere un valor especial.
Berna invitó así a recuperar una mirada más pausada, más intuitiva y, quizá, también más arriesgada.
La trayectoria de José Berna está vinculada a una concepción de la fotografía entendida como espacio de experimentación y búsqueda.
Nos recordó su participación en la fundación del Grupo Contraluz, constituido en 1988 junto a Vicente Blat, Felipe Pérez de Madrid y José Luis Pérez, una experiencia que apostaba por explorar nuevas posibilidades expresivas de la fotografía con este tipo de cámaras y estilo.
Ese espíritu experimental resulta especialmente apropiado para hablar de fotografiar con Polaroid SX70 porque una Polaroid SX70 no es solamente una cámara: es una manera diferente de enfrentarse a la imagen. Obliga a decidir antes de disparar. Obliga a mirar de otra manera. Y convierte cada fotografía en un objeto único, físico e irrepetible.
La ponencia de José Berna fue, en definitiva, mucho más que una aproximación técnica a las cámaras Polaroid. Fue una invitación a reflexionar sobre qué significa realmente hacer una fotografía.
En una época en la que fotografiar es prácticamente instantáneo, volver a una cámara que obliga a esperar puede parecer paradójico. Sin embargo, precisamente por eso resulta tan atractivo.
Con la Polaroid SX70 recupera algo que la tecnología digital había relegado: la emoción de no saber exactamente qué hemos fotografiado hasta que la imagen aparece.
Quizá esa sea su verdadera magia.
Una pequeña fotografía que emerge lentamente entre nuestras manos, un instante atrapado para siempre y la certeza de que, esta vez, no habrá una segunda oportunidad para repetir exactamente la misma imagen.
José Berna nos recordó que fotografiar también puede ser esperar, arriesgar y sorprenderse. Y que, algunas veces, para volver a disfrutar de la fotografía basta con hacer algo tan sencillo —y tan difícil— como mirar antes de disparar.